Musiquita


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Puse este cassette para que vayan agregando musiquita que les interese escuchemos quienes tengamos ganas. Para ello tienen que acceder a la página del mismo. Las instrucciones están en "Puras Habladas"; no las hago públicas aquí por razones obvias.
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domingo, 5 de abril de 2009

¿Ya lo desocupa?

Preguntó la recepcionista cuando le entregó la llave. Y él no pudo responderle que sí, que de momento desocupaba aquella habitación donde, por primera vez, había podido besar sus pechos sin prisa y con gula.

No pudo decirle que sí, que atrás se quedaban los gemidos, los besos ansiosos con toda la boca, las manos recorriendo su piel acalorada, el tiempo gastado en contemplarla desnuda... ¿Cómo decirle a la mujer aquella que desocupaba el cuarto donde mordió con ansia sus muslos, lamió sus caderas, contó los poros de su espalda y se consumió en el placer de tocarla?

Atrás quedaba la cama deshecha, los condones usados, los "te amo" dichos entre suspiros y placer de entregarse, al fin, a la locura de su cuerpo, a la fiebre de su piel fragante.
No pudo decirle que desocupaba el cuarto convertido en otro hombre, en un hombre entregado, enamorado, pleno de la luz que de sus ojos emana y que sólo ellos son capaces de atravesarle el alma.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Más tarde...

Mensaje de él: "Voy a hacer algo que hace mucho tiempo no hago, si me lo permites, pensando en ti".
Ella responde: "¿Qué cosa?"
Él dice: "Ni te lo imaginas".

A dos cuadras de la casa suena el celular, ella ve el nombre en la pantalla y contesta con la coquetería habitual. Del otro lado él suspira, recuerda su boca, el olor dulce del perfuma que usa, el color chocolate de su piel, el par de pechos asomando su curva en el escote de la playera.
Pregunta apenas cómo está, ella intuye algo, pero finge, habla del sol, la comida, del perro ladrando.

Él suspira. Hace tiempo dejó el hábito adolescente, pero hoy siente la necesidad de ella y ella no está, sólo su recuerdo, la imagen de su cadera contoneándose frente a él.
Traga saliva. Nunca se creyó capaz de hacer lo que hace, pero el deseo y la frustración de no poseerla lo tienen enloquecido. Escucha su voz del otro lado, recuerda su desnudez en el sueño que tuvo y debe bajar el cierre ante la erección inminente.

- Hace tanto tiempo...y voy a hacerlo ahora pensando en ti.

Y es cierto, Invoca sus besos, la lengua recorriendo su oreja, los dientes que se le clavan juguetones en los hombros, sus pechos que jamás logran esconderse bajo ninguna blusa.
Casi la huele. SU mano baja a al entrepierna mientras la oye en el teléfono. No, no está enojada, parece confusa y nerviosa, indecisa entre colgar o escuchar sus jadeos, oírlo decir que sólo la quiere a ella, sólo ella lo saca de sus casillas, que eso es lo más cerca que estará de ella.

El calor sube de su abdomen al pecho, siente frío en las sienes y el deseo más desesperante se le atora en la garganta. Si tan sólo estuviera ahí...la sentaría sobre él para besarle los pezones, tomaría sus nalgas para hacerla subir y bajar...pero es su mano la que sube y baja, la que le recuerda su ausencia. Y la rabia mezclada en el placer lo derrite, lo consume, le llena el alma de una angustia hasta entonces desconocida.

Ella tartamudea cuando pide que le ayude.

- ¿Que te ayude a qué?

Tanto tiempo, hace tan poco que la vio y apenas si pudo tocarle un pecho. Tonta. ¿No lo entiende? El alma se le ha ido tras ella, no miente, ojalá mintiera, de verdad la quiere y por eso está vuelto un adolescente calenturiento en la sala de su casa.

El calor sube, casi ni la escucha imaginando que está debajo de él.

- Dame de tus pechos.- suplica dolorosamente- Dame de tus pechos.- vuelve a gemir antes de que el orgasmo lo invada y se difumine en un grito ahogado suspendido en el celular.
Se deja caer hacia atrás en el sillón. Ella sigue en la línea y es algo increíble. Cualquier otra habría colgado. Él tampoco comprende lo que ha hecho. Mientras se seca el sudor vuelve a decirle que la quiere.

- Soy yo la que no sabe qué decir.- Y su voz tiembla como un niño asustado del trueno desconocido.

Él respira con el corazón martilléandole el pecho, recordándole que miente, que ya no siente nada.

viernes, 6 de febrero de 2009

Envidia

Mira de nuevo hacia la mesa. Ella es joven, pero él no, seguro tiene su misma edad. Se ríen, entre trago y trago de café se besan. Trata de ignorar la mano de él que se pierde bajo la cazadora de la joven, pero no puede...sabe muy bien hacia dónde han ido los dedos ansiosos de ese tipo disfrazado de menos años, pero que a todas luces tiene más de cuarenta.

Aprieta la boca mientras se concentra en el menú, descarados. Venir a manosearse a la vista de todos como si fuera algo agradable de ver mientras se mastican huevos revueltos con pan tostado.

¿De qué diablos se ríe ella? Parece tonta con la fresca sonrisa en todo lo alto, orgullosa de cada beso que el tipo deposita en su boca, de cada mirada de ternura falsa en los ojos de su contemporáneo.

En verdad hay tipos con suerte. Tipos que pueden meter las manos bajo la blusa de una mujer tersa y bella, tipos que pueden besar bocas ansiosas de pasión, respirar el perfume fresco de una piel joven. Tipos como ése que no se da cuenta del ridículo que hacen en medio del café a la vista de todos.

Los odia. Odia su vida, odia el maldito café y los malditos huevos revueltos con jamón. Carajo, que se vayan a un hotel.

lunes, 19 de enero de 2009

Luca

Al verte no hubo amor a primera vista, sino esa sensación terrible de saber que mi vida no sería la misma si no formabas parte de ella.


Digna como corresponde a tu raza apenas me miraste sin haberte dado cuenta del efecto que tus ojos verdes habían tenido en mi espíritu siempre dispuesto a dejarse dominar. Apenas llegamos a casa, te apoderaste, altiva, del sillón. Miraste todos los rincones y decidiste que sí, que la casa era digna de recibir tu presencia.

Te estiraste perezosa y sensual a la luz del sol cortada a través de la ventana, y dormiste tu primera siesta, ama y señora de la tarde, de la mirada tonta que puse al verte tan segura y confiada, yo, que me escondo tras los lentes apenas diviso a un desconocido.



Lánguida y serena despertaste horas después buscando saciar la sed y el hambre recién vueltas a descubrir. Sin prisa ni angustia localizaste lo necesario. Sólo ver tus pasos elegantes fue una delicia para mí, que nunca había tenido la fortuna de vivir con alguien como tú.


Pero no todo ha sido dulce, mi hermosa sombra de ojos verdes, has sido cruel y asesina, has destrozado las polillas que entran seducidas por los focos de la sala, has desplumado dos pájaros huérfanos que intenté rescatar del frío y se volvieron juguete de tu ocio, almuerzo que rompió tu dieta de croquetas.



Regañarte no sirvió de nada. Me miraste con esos tus ojos verdes inocentes, maliciosos, codiciosos del calor y mis dedos que te acarician. Y yo me rendí a rascarte la cabeza, pues a final de cuentas, tu naturaleza de gato es así.

martes, 16 de diciembre de 2008

Las Patas del Impala

Ella se va a casar, pero a él no le importa. Sólo cuentan la curva desnuda de la espalda, la cadera prometedora bajo las sábanas blancas de El Impala.

Ante la mirada de su piel ya no se arrepiente de haber aceptado y mucho menos de haber mentido aquel viernes, de crear ilusiones donde sabía que no las cumpliría, allá la otra si se las creyó. El placer es inmenso, a pesar de que la joven presa se entregó sin disparar un tiro (y eso para su espíritu cazador debería suponer una ofensa), la sensación de triunfo lo embarga por completo.

Tuvo miedo, para qué negarlo, de no cumplir las expectativas de la joven gacela; los años han mermado la energía, pero la edad sabe sustituirla con malicia y paciencia. Ambos sonríen, sus dientes parejos reflejan alegría y satisfacción. Acaricia su mejilla con ternura no fingida (lo que le sorprende) y suspira.

No quiere pensar en la boda, no quiere pensar en su edad corriendo contra sus planes y deseos, no quiere pensar en otra cosa que ese cabello enredado sobre la almohada, en el olor de los cuerpos después del combate.

No importa la traición, ni las niñas despechadas que llenarán de insultos su perfil. Sólo la certeza de que volverá a hacerlo con ella, lo otro...lo otro sólo fue una ilusión.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Mi demonio ya no me quiere.

Tantos años conmigo, en las sombras casi sin saberlo. Conocedor de mis angustias, neurosis, anhelos y desengaños.

Autor de mis malos pensamientos, artífice de mis mentiras, cómplice de mis pecados, mentor de las pesadillas vivas de mis días...ahora se ha marchado.

En el lugar desde donde siempre observó mi tortura, hay un espacio de aire, de luz de luna, no más oscuridad ni ojillos burlones saboreando mi rostro acongojado.

Se ha ido mi carcelero, el guardián celoso de mi entrega. El amor al dolor se ha ido en sus alas, el fuego de mi terror quedó entre sus garras...no más susurros de venganza, no más arrullos falsos ni rojiza sonrisa seductora.

No me quiere más...y yo, tan débil y absurdo...lo extraño.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Miserable

Con esas manos con las que pretendes tocarla, la tocaste a ella también.

Con las mismas manos.

Con la boca que tienes la besaste antes a ella, ahora quieres usarla para morder la suya, lamer sus pechos, probarla entre las piernas...como hiciste con ella.

Pretendes abrazarla, llenarla de ti, de tus caricias ansiosas, de tu aliento cálido. Tomarla por la espalda y hacerla gemir. Llenar su cuerpo con el tuyo, su boca con tu placer...como con ella.

Ansías su carne joven, animal de presa eres, morderla bajo sábanas blancas, dejar tu marca en cada poro de su piel...así como con ella.

Y el problema es que ella, la primera, apenas tenía 16 años, tú 39,...y al final, el placer que le brindaste terminó en el aborto, pagado por ti, del único hijo que ibas a tener.

jueves, 23 de octubre de 2008

Ruinas

Tehuí acarició la noche con sus ojos verdegrises. Suspiró y se miró las manos cansadas de ayudarlo a trepar las rocas, tenía los dedos largos y viejos como el tiempo arraigado en las hojas de los árboles que tantas generaciones de hombres habían visto crecer y desaparecer. La noche era propicia y lo sabía. Sabía más de lo que deseaba saber, pero no podía callar las voces que le inundaban el alma de una sabiduría añejada por las paredes del templo.

La selva brillaba nocturna bajo la media luna, el murmullo de los insectos fragmentaba el silencio, le robaba la presencia. Tehuí deseó el silencio, añoraba la fría cámara de su sueño diurno, pero se sentía bien sobre las hojas selváticas, acariciando el cielo con sus ojos verdegrises, testigos de tantas promesas rotas. Soledad. Esa era la palabra que lo describía mejor. Un silencio fragmentado y un refugio antiguo eran sus únicas pertenencias, se sabía exiliado del tiempo, arcaico para las creencias modernas y lo que llamaban ciencia.

Empezó a llover y con la lluvia los recuerdos se le volvieron torrente incontenible inundándolo, arrastrándole la conciencia a días sin fecha. Ahí estaba la ciudad, los templos recién construidos, las piedras apenas labradas sobre las paredes de roca. Y era el pueblo, la gente del color de la tierra compartiendo sus dolores, las angustias, las fiestas coloridas por las frutas y las flores, por el agua que todo lo limpia y embellece. Y estaba él. Envuelto en el humo del incienso, cautivo de los sacerdotes que con graciosa reverencia le presentaban la ofrenda preciosa del corazón medio vivo todavía. Y la sangre escurría por sus labios, besaba aquel corazón que había latido con amor, con odio, con furia en la guerra y el sexo. El ansia era entonces sustituida por el éxtasis cargado de visiones, de sueños que no eran sueños, sino ventanas al futuro de ese pueblo amante y devoto que besaba sus plantas y consideraba un deber sagrado inmolar a sus hijos para él.

Tehuí suspiró de nuevo y deseó poder derramar una lágrima por aquel pueblo ido hacía mil ayeres, pero no podía. Recordaba las caras de los sacerdotes, cada uno de los corazones ofrendados en su nombre, las risueñas caras de las prostitutas nocturnas que se hincaban a su paso; pero había olvidado cómo era la tristeza. Ese pueblo perdido había sido suyo. Aquellos hombres, mujeres, niños, ancianos… todos habían vivido y muerto por él, lo habían protegido de sus enemigos y ahora ya no estaban.

La lluvia empapó su cabello negro, su espalda ajada por las rocas donde dormía. Los restos de las plumas en su tocado cayeron como cascada apolillada a sus pies, había viento en la selva, ese viento húmedo que enfría el corazón caliente del trópico. Tehuí se miró de nuevo las manos y reconoció su nombre oculto. De nada servía invocarlo, ya no había sacerdotes que sahumaran su cabeza, ni doncellas que pusieran flores en su cámara escondida bajo la pirámide. Todo era pasado, tiempo muerto vivido de nuevo en su cerebro. Nada era como fue y Tehuí se mordió la lengua para no repetirse la historia, para no cantar las viejas canciones ni recitar los versos antiguos. “Todo ido, perdido al fin”, se dijo mientras la lluvia seguía abandonando las nubes.

Los ojos verdegrises se cerraron al mundo. ¿Qué importaban los recuerdos, las tradiciones perdidas, el viejo culto que no lo alimentaba ya? Eran épocas ausentes, era tiempo de salir y dejar la selva, de no pintarse más el rostro ni esperar que los arqueólogos descubrieran su escondite. Quizá era hora, el momento para dejar atrás las ruinas y comenzar a vivir dignamente el resto de su inmortalidad.

Tehuí bajó del templo en medio de la tormenta, arrancó los restos del tocado, se lavó la cara con las mismas gotas que caían del cielo y sin volver la vista atrás, abandonó para siempre la zona arqueológica de Comalcalco. ---------------- Now playing: El Universal - CONEXIÓN 23-08-08 via FoxyTunes

domingo, 19 de octubre de 2008

La muy perra

---------------- Now playing: Queen - Flash via FoxyTunes
Érase que se era una perra que se creía la más perra de las perras....no, a ver, esas ya son muchas perras juntas, entonces sería jauría....o de plano empecé mal... A ver, de nuevo: érase que se era una perra que se sentía muy cánida (mejor, para evitar la cacofonía), la más canina de todas las del reparto. Oronda se paseaba entre los machos del barrio, presumiendo la cola medio torcida y los pelos de alambre de su madre fox terrier (del padre ni idea, huyó nomás terminó la labor de dejar preñada a la progenitora). Ella tenía claro que se merecía todas las atenciones y halagos de los machos del barrio, de la colonia, de la ciudad, pues nadie era más bella, más perfecta, más perra, pues, que la hija (bueno una de las siete) de su madre. Y así se contoneaba feliz por la carnicería y el mercado, por la heladería y la tienda, sabedora de que su buen porte sólo provocabala envidia de las demás, ignoraba sus miradas y peladas de dientes; que rabiaran, que se la pelaran, pues, ella era la mera mera, la ganona de todas las perras. Así transcurría su vida uno y otro día, ella siempre tan bella, la más perra de todas las perras...hasta que se la cargó la chingada y terminó en el antirrábico la muy pendeja.
---------------- Now playing: Lacrimosa - The Phantom Of The Opera via FoxyTunes

martes, 14 de octubre de 2008

Se robaron a Kurt Cobain de la casa de Courtney Love

Una sacudida extraña lo sacó de su letargo. No había duda: se estaba moviendo, pero no suavemente como otras veces, sino de forma brusca, como si lo estuvieran arrancando del lugar donde había estado desde hacía años. Por eso se despertó y supo que algo andaba mal. Sentía la urna bambolearse de un lado a otro, como barco en medio de la tormenta que inevitablemente lo llevará al naufragio, le hubiera gustado gritarle a Courtney que dejara de hacer eso, iba a revolverle las cenizas de las tripas con las cenizas de la cabeza, ya no sabría dónde era arriba y dónde abajo, como un martini mal revuelto. Carajo, si parecía un shaker el maldito lugar, dio gracias de no sentir náuseas, pero seguía maldiciendo a esa mujer loca que seguro estaba en medio de alguno de sus pasones y por eso lo traía como maraca de rumbero. Nada de aquellas manos suaves que se resbalaban por la urna repitiendo su nombre como una letanía adoratoria antes de irse a la cama con el fulano en turno, que seguramente encontraba muy excitante tirarse a semejante zorra frente a las cenizas de su marido. Las cenizas de Kurt se revolvieron otra vez, pero esta vez casi pudo sentir cómo se lo llevaban corriendo. Entonces no era ella. Se lo estaban robando. Lo supo tan claro como sabía que estaba muerto. Sintió rabia y desesperación, pues nada podía hacer, terminaría en la casa de algún fan loco que le presumiría a sus amigos y conquistas de antro la urna donde estaba lo que quedaba del padre del grunge. Maldijo y lamentó no tener piernas para patear a aquel idiota, lamentó no tener ojos para ver quién era el hijo de puta. Suspiró con melancolía: no volvería a sentir las manos codiciosas de Courtney ni volvería a escuchar su voz ronca de adicta sin remedio. Sólo esperaba que la casa donde terminara pusiera buen rock. Problemas de ser los restos de una estrella de la música.

Ah, pinche lluvia

A final de cuentas la culpa la tiene el planeta, ¿pa qué no aguanta vara y se porta como los machos? Por tan poca cosa se anda deshaciendo el wey, ya ni la friega, ni que fuera la gran cosa. Ora resulta que llueve todas las pinches tardes y súmale las obras en el Circuito, ya tienes para tus buenas cuatro horotas parado como pendejo en el tráfico. No, si ya ni la chingan, pero ya qué le va uno a ahcer, carnal Mercelo dice que es para mejorar (o al menos para hacer de cuenta que los impuestos sirven para algo). Está de locos la ciudad, hace sol, luego caen unos aguaceros que los ríos de aceite y agua puerca corren como locos por el cemento, ahí andan los chamaquitos brincando los charcos mientras las mamás les gritan que no se vayan a mojar. ¿pues cómo no se van a mojar? Ay, señora, no sea mensa, si ni paraguas trae, ¿cómo no se van a mojar sus arañitas? Eso es lo que nomás no entiendo de los chilangos, todos los santos días está lloviendo y ni así cargan una pinche bolsa de plástico y se hacen montoncitos de gente bajo las puertas de las estaciones del metro, se apretujan como cochinillas bajo las piedras en las paradas del camión. Y además se enojan si los mueves para pasar, porque hasta eso, sordos se vuelven, pides permiso y les vale madre, no se les vayan a mojar los zapatos chinos de cien pesos. Y hablando del metro, adentro huele a perro cocido en su jugo, la madre, si parece que nadie se baña, hace un calor de desierto sonorense y apesta, apesta como el infierno...No, mentira, seguro que Satanás usa Glade o velas aromáticas, imagínense pasar la eternidad entre olor de chilango cocido y encima mojado. AGH. Ya se nubló otra vez, si les digo que pinche planeta,m no aguanta ni madres. Ya nos pasaremos a Marte, que tiene nombre de machín, porque lo que es éste, más que mayate nos salió.