
La semana pasada se estrenó la nueva cinta dirigida por Joel y Ethan Coen. El título en español es “Quémese después de leerse”.
Linda Litzke es empleada de un gimnasio y se percata de que necesita urgentemente una extensa cirugía plástica. Los costos de la intervención son muy elevados, por lo que, una vez que encuentra un Cd con información de
El tema es simple, sin embargo, los hermanos Coen nos sorprenden una vez más con las incoherencias que pueden surgir de un absurdo como el anterior. A esta película la han catalogado como thriller o suspenso envuelto de comedia, lo cierto es que es una verdadera crítica a los estándares que se manejan en la sociedad de E.U. y que incluso, podemos apreciar ya en nuestra sociedad.
Para ello basta conocer a los personajes principales:
Linda Litzke (Frances McDormand), cuarentona y sin pareja, se programa citas a ciegas y está convencida de que necesita una cirugía plástica como remedio a su flacidez… absurdamente el nombre del gimnasio es BodyHard; al ver en el chantaje la forma de conseguir el dinero y las consecuencias que se le van presentando, el sentimiento de culpa se hace presente, lo que ocasiona que sus siguientes decisiones compliquen la situación. La actuación de Frances McDormand es excelente, el grado de absurdo al que puede llegar nos permite esbozar una sonrisa o una carcajada con toda la situación que va propiciando.
Chad Feldheimer (Brad Pitt) es un instructor de pesas que no muestra mayor inteligencia pero si mucha disposición por ayudar a Linda (¿alguna vez hemos escuchado que los instructores de pesas tienen el cerebro vacío?) Pues bueno, en esta cinta vemos algo totalmente diferente a lo acostumbrado por Brad Pitt; bajo la dirección de los hermanos Coen, su actuación es muy buena, pasa de ser el tipo malo y violento al chico buena onda, rubio y guapo pero sumamente estúpido.
Por otra parte está Osborne Cox (John Malcovich), quien decide comenzar a escribir sus memorias una vez que lo han despedido, mejor dicho, que renunció a
Katie (Tilda Swinton) es la esposa de Cox, una pediatra que odia a los niños, posesiva y con ganas de divorciarse por lo que roba información de la computadora de su marido y que cree que le puede ser útil en el proceso. Katie tiene los recursos económicos y ve a su marido como a un ser inferior más aún después de perder su trabajo, ella se permite tener un amante que considera de su propiedad y al que presiona a divorciarse para que viva con ella. Su actuación no demerita un segundo pues nos muestra a una mujer dura y sin escrúpulos (y si consideramos sus facciones y rasgos físicos, que también reflejan dureza y sus ojos frialdad), tenemos una excelente combinación entre actuación y actriz para conseguir el objetivo de los Coen.
Harry Pfarrer (George Clooney) es el amante de Katie, un policía federal que presume de tener pistola -aunque no la haya disparado en alguna ocasión- también le gusta concertar citas a ciegas y, curiosamente después de cada relación sexual, tiene la necesidad de correr (entendiendo esto en sus dos acepciones, como ejercicio (literal) y a manera de huída). El papel de Clooney no se alejó de todo lo que anteriormente hayamos visto con él, sigue siendo el galán de la película, por decirlo de alguna manera, sin embargo, lo interesante de los hermanos Coen es que muestran a un galán estúpido, mujeriego y además paranoico.
Para completar el cuadro hay personajes que también ponen su granito de arena en esta historia de “espionaje involuntario”, como lo es Ted Treffon (Richard Jenkis) quien es el administrador del gimnasio y enamorado de Linda. Por otra parte vemos a J.K Simmons interpretando a un alto ejecutivo de
Es cierto, el humor negro de los Coen está presente, el dinero también es el motor que desencadena los sucesos (como en otras de sus películas), la ironía verbal y visual, así como la sátira nos hace disfrutar esta cinta en donde la torpeza y la estupidez, se presentan incluso, en los agentes de
Amigos lunáticos y cinéfilos, a título personal, pido especial atención a la escena donde matan a Chad, increíble la forma en que estos extraordinarios directores nos sacan de contexto, nos dejan atónitos y nos quitan la sonrisa de la boca… aunque de inmediato nos regresan al contexto de lo absurdo.